miércoles, 8 de noviembre de 2017

Ausencia de matices

Una tonelada no pesa tanto,
no pesa tanto si lo comparamos con todos los minutos que paso al día sosteniendo mis arrebatos y mis suspiros.
Mis motivaciones son pocas, esas las puedo cargar en mi bolsillo.
A veces me asomo por el balcón, la caída no me mataría pero si causaría un gran daño.
La caída deberá ser fulminante, solo es cuestión de encontrar el golpe certero para finalizar con este ciclo.

Todos los días, cuando abro los ojos vuelvo a cerrarlos con la esperanza de no tener que cumplir con lo que se supone debo hacer.
La monotonía me va a matar, cuestionarme a cada decisión si estoy haciendo lo correcto o si debería regresar.

Creo que estoy atrapada, con la promesa del queso que tengo miedo no exista.

Monotonía es un término que proviene del griego y que hace referencia a la falta de variedad en cualquier cosa.

Es momento de salir de nuevo de esta corrosiva monotonía.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Destrucción

Hay gente que necesita una explicación basada en la ciencia, hay gente que cree en sus instintos, hay gente que le atribuye todo al cielo y al espacio, y hay gente que simplemente no se cuestiona las cosas.

Algo que me molesta mucho, es que todos demos por sentado las cosas, los hechos... Que el sol saldrá todas las mañanas, que la lluvia cae de arriba hacia abajo, que respiramos oxígeno de manera mecánica, que por obra misteriosa las semillas se convierten en árboles, que vamos a vivir lo que tengamos que vivir y nuestros hijos nos verán morir.

Entonces, unos segundos en los que no piensas específicamente en nada, todo se viene abajo, todo el mundo deja de funcionar, todo lo que conoces pierde forma, incluso uno saca su verdadero ser, se expone, se ve desnudo con el prójimo, sin palabras, sin gestos, solo segundos de silencio.
 
Las cosas se vienen abajo, los muros, las decisiones que tomaste, las palabras que dijiste, el dinero que gastaste, los minutos que regalaste, y el edificio que construiste dentro de tu alma se mueve, se fisura con el terremoto. Entonces tienes dos opciones: huir y abandonarlo; o, esperar a que pase y evaluar los daños.

La vida siempre será corta, no importan los años que sean vividos.
 La vida nunca durará lo suficiente.

lunes, 10 de julio de 2017

Ya no cuenta ovejas, hoy duerme en paz.

Hoy va por ti, abuelito.

He conocido a personas a lo largo de mi vida,
dicen que los amigos son familia que uno elige,
Pero a mi me eligió y me aceptó mi familia incluso desde antes de nacer.

Para mi, una de las figuras que representan el verdadero amor siempre será mi abuelito.
El mejor abuelito que me pudo haber tocado por siempre en esta y en cualquier vida.

Recuerdo cuando era pequeña, tuve la suerte de ser la primera nieta, y más suerte aún de vivir en casa de mis abuelos, con mi tío, mi mamá, Peluza y mis gatos.
Pero mi mejor amigo en la casa era mi abuelito, porque él era mi cómplice. En él encontré mucho amor, protección, cariño y uno que otro consejo.

Cuando tenía miedo de entregarle mi boleta a mi mamá, sabía que mi abuelito la firmaría sin reclamarme nada, ni hacerme sentir mal.
Yo sabía que mi abuelito haría cualquier cosa por mi, quizá algunas veces a regaña dientes pero yo sabía que podía contar con él para todo lo que quisiera hacer.
Mi abuelito no me juzgaba, no me criticaba, no me regañaba, y si alguna vez lo llegó a hacer, entonces fue un momento tan raro y poco común, que seguramente lo he olvidado.

Mi abuelito me alentaba a hacer lo que yo quisiera, me contaba las mismas historias, me acompañaba a donde nadie más quería ir, me llevaba a comer lo que yo quisiera, me dio absolutamente todo lo que yo quería y lo que yo necesitaba.

Pero mi querido y muy amado abuelito enfermó de un día para otro.
nadie quiso darse cuenta al momento, porque todos pensábamos que era parte de él ser tan ocurrente, o esconder las cosas como si fuese un juego.
Ninguno quiso ver que nuestro abuelo estaba envejeciendo, y que no era normal que hiciera cosas o dijera otras.

El abuelo envejeció tan rápido, se enfermó tan rápido que no nos dio tiempo de saber lo que teníamos que hacer.
Solamente se dejó llevar por la enfermedad del olvido, hasta el punto donde divagaba tanto que dejaba de hablar.
Hasta que un día enmudeció, olvidó hablar, olvidó vivir, y se dejó vencer por la dulzura de no recordar cualquier preocupación, y su mente se apagaba día tras día, cada año mucho más.

Mi abuelito se la pasaba sentado en el sillón de la sala, acariciando a los gatos, viendo como la gente pasaba por la calle, esperando la hora de comer y la hora de dormir.

Cada vez que visitaba mi casa lo hacía a sabiendas que tenía que despedirme de mi abuelito por si era la última vez que nos veíamos.
Aproveché cada vez que estaba en casa para estar con él, convivir lo más posible y hablarle de todo lo que pudiera hablarle, aunque sea para que supiera que yo lo seguía tratando con amor y respeto.
Le dije muchas veces "abuelito, te amo, te amo mucho", para ver en sus ojos unos segundos de lucidez, aunque no recordara mi nombre, aunque no estuviera seguro de quién era yo.
Insistí en abrazarlo, en amarlo con mis acciones, en demostrarle que no lo he olvidado y que jamás lo olvidaría.

Para mi, ese señor me abrió su casa, me abrió su corazón, me incluyó en su familia y me entregó todo, y yo le estaré eternamente agradecida.
Conocí el amor incondicional de un abuelo gracias a ese señor.

Hace un año mi abuelito, mi gordito, mi amor cerró sus ojos.
Mi abuelito esta descansando en la sala del cielo, con todos nuestros gatos y se que me observa, porque me visita cada vez que se lo pido con lágrimas. Lo veo en mis sueños y lo único que le repito es que lo amo demasiado.
Ya no cuenta ovejas, hoy duerme en paz.



No puedo hablar o escribir de él sin que se me salgan las lágrimas, parece que esa fuente de amor jamás se va a secar.
Lo amo, lo extraño y gracias a él conozco el amor y calor de una familia.

Abuelito, lo estoy haciendo lo mejor que puedo, pero a veces quisiera retirarme, quisiera renunciar, necesito que me abraces y que me digas que soy fuerte para poder creérmelo.
Te amaré en esta vida hasta que te vuelva a ver.

domingo, 2 de julio de 2017

Julio

Realmente no se si este sea un buen momento para escribir algo, cualquier cosa.
No tengo cigarrillos a la mano, es de noche y yo no tengo sueño.

Hay una rutina que se ha aparecido repentinamente, no me estoy quejando...
creo que el último año me di por vencida y decidí dejar de luchar, y lo que hago ahora es solamente dejarme llevar.
Pretendía mantenerme sola lo más posible, pero como ya todos sabemos, fracasé.
El último año me hice un animal de casa, perfectamente dócil, he perdido las ganas de salir de noche y buscar aventura, dejé de buscar cobijo y atención.
Ya no tengo ganas, porque me he convertido en una persona más seria.

Mis tristezas y depresiones ahora se han vuelto aburrimiento,
ya tengo 26 años, ya no tengo 22.
Ya se perfectamente lo que estoy haciendo y lo que debía dejar de hacer.
Estoy haciendo planes, estoy pensando en otras cosas,
he hecho a un lado esas antiguas preocupaciones, porque prefiero concentrarme en no cagarlo todo, entienden?

Por ahora mantengo la idea de aguantarme la respiración hasta acabar con la carrera de nado,
solo sacaré mi rostro del agua cuando sea totalmente necesario.
Tengo que acabar con este circuito, y esa es mi esperanza, que todo esto va a terminar,
se que tarde o temprano todo esto va a acabar, entonces no se vale renunciar a la carrera, no cuando llevo recorrido un gran tramo.

Mierda, ya ni siquiera me enojo tanto, ahora solo respiro y trato de ignorar las cosas, que se me escurran los diablos de todos los que quieran o pretendan acercarse a mi estúpida y ridícula paz interior.

Todos continuamos con nuestras vidas, completos o tratando de aparentar que estamos bien.
Y mientras menos me pueda involucrar, mucho mejor.

Un día sigue después al otro, y si este estuvo mal, entonces quizá el día siguiente sea peor, así que por el momento no debo quejarme.

jueves, 18 de mayo de 2017

Dos años

Pertenecer
Ser parte de algo
Sentirme bienvenida
Hace un tiempo en que no me siento cobijada, ni protegida, es como si fuera una extraña todo el tiempo.
Desde mi desprendimiento me ha sido difícil regresar a mis orígenes, mis círculos, mi hogar.
Nis amigos hicieron vidas nuevas, mis antiguos contactos más cercanos se fueron yendo uno por uno hasta hacernos personas completamente extrañas.
A decir verdad, siendo honesta... Me da un poco de miedo y envidia.
Yo quisiera ser alegre y que haya gente con quien me pueda sentir cómoda, con más de cinco personas sin sentirme cohibida.
En vez de eso, decidí aislarme de todo y aparento ser otra cosa, me tomo todo a broma a propósito, me enojo demasiado y siempre necesito pelear, desquitarme con lo que sea, incluso conmigo.

No es justo, porque si todos pueden llevarse bien entre ellos, o si deciden ignorar hechos con tal de tener una fiesta tranquila... Porque no me incluyen a mi, porque actúan como si ya no estuviera, porque me ignoran o me evitan?
Porqué no pertenezco?

Yo pensé que si no debíamos ser amigos por las buenas, entonces seríamos amigos por la muerte, para tener de que hablar.

Él se fue hace dos años y no entiendo porque me sigue afectando, él no era tan cercano mío después de los años.
Escribí de él en mi diario.
Pero sigue en mi corazón como si estuviera labrado.

No quiero regresar, no quiero ver fantasmas ni rostros familiares.
No quiero regresar a la misma vida.
Debe de haber algo más y quiero encontrarlo, aunque me cueste la vida, debo encontrar algo que me haga decidir qué hacer.

Necesito ayuda.